miércoles, 9 de enero de 2008

Estoria: Día 3.1

La noche no había sido demasiado placentera para Tevo. No estaba acostumbrado a dormir en el suelo, con un saco hecho con piel de oveja como único abrigo. Las piedras se la habían clavado durante toda la noche en la espalda, y para cuando hubo conciliado el sueño los rayos del Sol turbaron sus escasos momentos de descanso.
Pero el tiempo apremiaba, porque aún quedaba más de la mitad del camino para llegar a Manieva y tenía ganas de conocer la ciudad que tanto había oído alabar en sus días en la universidad. Cuando se despertó, observó que Torhen y Toussa aún dormían, por lo que aprovechó para preparar el desayuno, con la esperanza de poder recompensarles al menos una mínima parte por todo lo que estaban haciendo por él. Abrió el saco de las provisiones y tomó longanizas secas, pan y algo de queso, con lo que preparó tres bocadillos. Sus compañeros no tardaron en despertar, agradeciendo el desayuno preparado por el telorio.
Una vez dado buena cuenta de los bocadillos, no tardaron en recoger el mini campamento montado y ponerse de nuevo en camino.
El camino era más regular que el día anterior, por lo que pudieron avanzar con más rapidez, parando solamente para comer. Mientras recorrían el camino, los compañeros de viaje iban colmando su curiosidad.
-¿Qué clase de estudios realizabas en la universidad?- preguntaba Toussa a Tevo.
-Estudios sobre economía; analizábamos mercados, técnicas de compra-venta, leyes mercantiles..., todo eso.
-¿Y te ha servido para algo?
-Mujer, claro que sí. Entré a formar parte de una empresa comercial, y desde un primer momento gané suficiente dinero como para vivir bastante bien.
-Ya, pero aparte del dinero y el trabajo, ¿te ha servido para algo más?
-Ahora comprendo las interacciones que se dan en la economía, porqué suben los precios y todo eso.
-Eso no sirve de nada, sólo para atar a la gente a un sistema opresor que les obliga a trabajar toda la vida y aplacar su infelicidad en un mísero sueldo que realmente no necesitarían si fuesen honestos y se intercambiasen las cosas sin querer sacar un beneficio extra.
-No seas tan extremista. Tú vives en un pueblo donde todos os conocéis, sois como una familia y por eso no os engañáis.
-Yo no tengo porqué engañar a nadie, aunque no sea de mi familia o ni siquiera lo conozca- la conversación comenzaba a subir de tono.
-Pero, ¿te fiarías de cualquiera, aunque no lo conocieses de nada?
-¿Y por qué no? El único motivo que mueve al ser humano a mentir es la avaricia, y el único motivo para sentir avaricia es el dinero.
-Por esa misma razón en tu pueblo sois todos tan felices y os queréis tanto, ¿verdad?
-Sí, porque no queremos nada que no necesitemos.
-¿Y que me dices de la gente del Bosque Salvaje?, antes eran de Nono, se han criado allí y también roban y cometen delitos.
-Por eso los desterramos del pueblo.
-Claro, porque no queréis nada que no necesitáis.
Cuando Tevo dijo su última frase, Torhen lanzó una carcajada, consciente de que Tevo había puesto el dedo justo en la llaga más dolorosa de Nono. Durante generaciones, tantas que se creía que el problema había nacido con la propia Costumbre, se había debatido sobre lo injusto o no de una costumbre tan radical; pues quienes eran desterrados tenían parientes que les querían, que se veían obligados a cumplir la Costumbre Primera, y que en ocasiones quebrantaban, por lo que no era demasiado infrecuente ver como una familia entera acababa exiliada.